¿Y ahora quién podrá defendernos?
En Quiroga, donde la política suele tener más giros que la carretera a la ribera, el tema del momento sigue siendo el presupuesto directo para la comunidad indígena del Calvario. Un tema que tendría que manejarse con precisión quirúrgica, pero que aquí se administró con la finura de quien corta carne seca con un serrucho.
La narrativa es simple —como siempre, lo simple suele ser lo más delicado—: hay un derecho reconocido para la comunidad indígena, y ese derecho implica recibir y manejar recursos directamente. Hasta ahí, todo en orden. El problema no es el derecho; el problema es lo que hicieron con él.
Porque mientras algunos celebraban como si hubieran descubierto el fuego, a miles de ciudadanos les informaron que ahora pertenecían a una comunidad… pero sin explicarles qué ganan, qué pierden, qué obligaciones adquieren ni quién es su nueva autoridad. En otras palabras: los subieron a un barco sin decirles a dónde va, quién maneja el timón o si había salvavidas.
Como dice Pinche Pancho: “El problema no es subirse al barco… es enterarse ya en medio del lago que nadie sabe remar.”
De ahí, la pregunta inevitable:
¿Está lista la nueva estructura para hacerse cargo de las responsabilidades que acompañan a ese presupuesto?
Porque presupuesto directo no significa posar para la foto o emitir comunicados cargados de solemnidad. Significa recoger basura, vigilar calles, atender emergencias, garantizar agua, reparar drenajes, pavimentar, Significa gobernar, no adornar.
Y mientras todo esto ocurre, reaparece —como suele hacerlo cada que huele reflectores— un ex presidente municipal que hoy se ofrece como intérprete autorizado de un conflicto que él mismo ayudó a detonar. Dejó el terreno lleno de gasolina política y ahora quiere explicar por qué no es su culpa que alguien le haya acercado el cerillo.
Ha intentado posicionarse como la voz sensata en medio del caos, como si la memoria colectiva del pueblo fuera tan frágil como él supone. Pero las cosas no funcionan así. Quiroga recuerda. A veces a medias, a veces deformado por el chisme, sí, pero recuerda. Y en este caso, recuerda quién firmó, quién impulsó y quién abrió una puerta sin avisar lo que había del otro lado.
El problema de fondo no es un trámite, ni un acta, ni un presupuesto:
es el conflicto social que va creciendo como humedad en pared vieja.
Las divisiones entre comunidad indígena y comunidad agraria y ahora con los nuevos barrios, no nacieron solas. Alguien las creó. Alguien creyó que podía manejar la tensión, administrarla, contenerla… como quien juega con una liga sin pensar que tarde o temprano revienta.
Mientras tanto, las dudas siguen acumulándose:
– ¿Dónde empiezan y dónde terminan los límites de esta nueva comunidad?
– ¿Quién responde por los servicios básicos?
– ¿Quién tomó decisiones sin consultar?
– ¿Por qué esa prisa por hacer lo que no se explicó?
Preguntas simples. Respuestas ausentes.
El Ayuntamiento, por su parte, camina sin ton ni son. A veces en silencio, a veces con declaraciones a medias, intentando no echar más gasolina al incendio. Aunque en este tipo de conflictos, el silencio también se interpreta. Y ya sabemos cómo se interpreta todo en Quiroga: de manera creativa, exagerada y normalmente al revés.
El punto central es uno:
la gente merece claridad, no zozobra.
Merece saber quién los representa, quién decide por ellos y quién se responsabiliza cuando las cosas salen mal. Lo demás son fuegos artificiales sin pólvora.
Y, por supuesto, está el personaje que reaparece cada tanto, con su inclinación a protagonizar escenas. No lo mencionaremos directamente —no vale la pena—, pero digamos que ya tiene experiencia profesional en “actuar” frente a públicos numerosos y en ponerse trajes que no siempre le quedan. Hoy intenta colarse otra vez en el reparto estelar, pero la película ya no es de superhéroes: es de responsabilidades.
Como diría Pinche Pancho mientras se rasca la frente: “Hay quien quiere regresar al escenario… aunque ya no recuerde su propio libreto.”
Al final, todo se reduce a esto:
cuando se trastoca el orden social, alguien debe dar la cara.
No con discursos genéricos, no con explicaciones técnicas incomprobables, no con nostalgia de un poder que ya no se tiene. Con información, con transparencia y con decisiones sensatas.
Mientras eso llega —si llega— Quiroga seguirá en pausa, pero no en calma. Porque cuando el pueblo siente que se juega algo que no entiende, cualquier chispa basta para encender sospechas.
Y aquí, chispa es lo que sobra.
O como remata Pinche Pancho con su humor de rancho: “Donde no hay luz, cualquier sombra asusta… pero más asusta el que la provoca.”
CHISPAZOS
– En política local, el que se adelanta suele tropezar. Y aquí ya tropezaron varios… aunque algunos todavía no caen en cuenta.
– El Calvario necesita liderazgo real, no voceros improvisados ni héroes reciclados. La comunidad merece algo mejor que sermones y opacidad.
– Quiroga no está dividido; lo dividieron. Y ahora toca ver quién se atreve a asumirlo sin discursos prestados.
– Si alguien insiste en “aclarar” lo que ensució, convendría recordarle que el desorden también deja huella digital.
Firmado por:
PINCHE PANCHO -Autor de Rancho
Colaborador incómodo, cronista involuntario y especialista en decir lo que otros prefieren callar.



